Vanas conversaciones
"Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia" Apóstol Pablo (Efesios 4:31)
Hay especialistas para todo.
Una de las especialidades más recurrentes de los seres humanos es la de encontrar defectos en otras personas. Algunos logran llegar a niveles realmente excepcionales en su búsqueda de los aspectos negativos de los demás.
¿Te has dado cuenta de que siempre es más fácil recordar algo negativo de otros que algún rasgo positivo? No tiene que ver con que los rasgos negativos sean más fáciles de recordar, sino con un problema de hábitos. Como solemos contemplar más lo negativo, nos resulta más sencillo rememorarlo, estamos acostumbrados.
¿Qué pasaría si durante una semana hiciésemos la prueba de destacar algún rasgo positivo de alguien? ¿Qué tal si probamos, durante una semana, no hablar mal de nadie? Si hemos de abrir la boca, sólo será para decir algo positivo de alguien. Seguramente, al terminar la semana nos mirarán como alguien fuera de lo común, pero, lo más importante: habremos abierto un camino para modificar nuestra manera de enfrentar la vida.
Los prejuicios, los rumores, los aspectos negativos, la mentira, la maledicencia, los comentarios mal intencionados, etc. suelen ser más creíbles, para la mayoría de las personas, que la verdad, la certeza, los aspectos positivos, la honradez, la integridad y las palabras llenas de características positivas.
Lamentablemente, se ha distorsionado tanto nuestra forma de hablar que cuando una persona expresa alabanzas o encomios acerca de otra, suele ser vista con recelo, y los que la escuchan piensan: ¿Qué estará tratando de lograr? Tal vez está vinculada con esa persona y tiene algún interés particular.
¿Te imaginas a Cristo hablando mal de alguien? Supón que, un día, Jesús toma a Juan aparte, y le dice:
-¿Te enteraste, Juan, de la última torpeza que cometió Pedro? Fíjate que ayer dijo una estupidez y quedó en ridículo frente a todo el mundo. Yo tuve que salir al paso para arreglar la situación. ¡No mires, que ahí viene Pedro...!
Hablar mal de otros no sólo es un ejercicio anticristiano, sino que provoca un efecto del que muchos no son conscientes. Los psicólogos sociales han probado el concepto siguiente: "El mero hecho de buscar algo malo en otros desarrolla el mal en los que lo buscan. Al espaciarnos en los defectos de los demás nos transformamos a la imagen de ellos".
Podemos enfocarlo a la inversa. El escritor Martin Walsh escribió esta gran verdad: "Cuando buscamos lo bueno que hay en otros, descubrimos lo mejor que hay en nosotros mismos". Tal vez vaya siendo hora de cambiar el giro de nuestras conversaciones, ¿no lo crees?
ORA A DIOS pidiéndole que te ayude a mirar a tus semejantes con una perspectiva distinta, buscando en ellos lo mejor y no lo peor.
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